de estraza, un «te adoro» escrito sin letras con una barrita de pegamento, invisible hasta que la purpurina se sacude como lluvia de estrellas, dejando ver un corazón multicolor sobre la superficie.
Miríadas de flores de pétalos desproporcionados y unicornios que cojearían si fueran reales, en los trazos de crayón de cera de un niño con motricidad fina aún por desarrollar.
Un nombre escrito con rotulador con tanta intención que la punta de fieltro perfora el papel en cada esquina.
El regalo de quien no tiene más que a sì mismo para regalarse.
Y esa vela en mi ventana que espera guiar tus pasos, esa ventana tras la que este niño emborrona papeles esperando algún día (contra toda eperanza),.verlos en la puerta del frigorífico de tu cocina.
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