No me hundo,
aunque las hojas se desprendan de mis huesos y la escarcha invada mis veranos.
Aunque ni me mires,
ni me calles con tus labios.
Aunque la tierra dé vueltas
y el mar dé arcadas al vigía.
Chamuscado de cierzo,
abrasado por los abrazos,
corroído a veces.
Ríete, si quieres.
Ríete si puedes.
Háblame, si osas.
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