martes, 23 de septiembre de 2014

Tras otro equinoccio.

Nada fue en vano (desde aquí). Las noches en que mis lágrimas sirven de almohada, los chascos de despertar con la almohada en vez de ti. El que tus labios se esfumen en la madrugada al despertar.

Los monstruos que imagino tras de ti, los atisbos que veo (¿o piensas que no sé, hasta cierto punto? Sé).

Soy el mismo y no lo soy. Soy el que te hacía reír con tonterías, el que busca números de teléfono para echar una mano a bote pronto.

Soy el que te escucha, aun incapaz de oír.

Soy el lobo con el camisón de tu abuela.

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