Familiar rostro anguloso,
los ojos que libros callan,
deambulando donde vayan,
encuentran la cueva de oso.
Deambula por doquiera
tu vista, sé mi invitada
al festín, devorada
parcial, o engullida entera.
La fiera, agazapada,
adormitada parece,
sin pedestal para su hada.
Tormenta en tus pechos mece
mi cordura malhadada,
que de tí siempre adolece.
No hay comentarios:
Publicar un comentario