lunes, 26 de mayo de 2014

Worship.

Y aún más se puede. El sentir la vibración de la cuerda en tus huesos mientras presiono tus yemas sobre el diapasón y el chelo cosquillea tus ingles.

El oír tu voz susurrando a Espronceda o Nietszche en mi oído. El oír la mía llamando tu nombre con la felicidad de que estés allí.

El nombrar a una a un dios inexistente en la comunión de nuestros cuerpos.

Convertirte en tarta de fruta y no saber dónde acaba la macedonia y empiezas tú.

El ser tu potro de lánguida tortura y arrancarte las confesiones del miedo disfrazado de odio disfrazado de otras cosas.

Y tus ojos, tus ojos, verte reflejada en los míos...

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