lunes, 26 de mayo de 2014

Anfibios.

Érase una vez una princesa en una torre de marfil. No era una princesa a la vieja usanza de los cuentos de antaño, empero. Le gustaba jugar a las canicas, trepar árboles y quedarse dormida con un manual de caza de dragones abierto en su almohada.

Sus exploraciones diarias la llevaban a la alberca, donde las libélulas parodiaban helicópteros aún por inventar y las golondrinas hendían el aire con sus alas afiladas. También había un sapito.

Quedó algo anonadada cuando el sapito osó dirigirle la palabra.EElla se sentía poca cosa, a pesar de la imagen de mujer fuerte que transmitía. Era la maldita herencia de un millar de generaciones de princesas sumisas o sometidas.

El sapito parecía un interlocutor semilocuaz, y las tardes de verano les sorprendían con veladas cálidas de zumbar de mosquitos y vuelos de panarra en picado.

Llegó el invierno a separarlos, sin razón ni motivo. El sapito buscó refugio en un hoyo en el suelo mientras la princesa se retiró a su biblioteca. Las ráfagas gélidas de enero le cortaban los dedos al pasar las páginas.

El sapito en su hoyo no dejaba de maldecir a los elementos que, día a día, causaban tantos estragos como la separación.

Poco a poco, el planeta decidió volver a aquella parte de su órbita que alineaba el sol y los jardines del palacio. El sapito pudo salir de nuevo.

Pensaba que ella se había ido corriendo, pero no sabía más. Decidió viajar a la torre.

Cada brizna de hierba resultaba un obstáculo insalvable que consiguió salvar. Encontró la torre al fin, tras un periplo de meses. Se puso a croar bajo la ventana.

Un vencejo que pasaba por allí decidió que iba a almorzar sapo.Lo mismo decidió una culebra, el gato del portero y un zorro meditabundo. Todos sin éxito.

La princesa, enojada, le gritó al sapo que se fuera, que no había sitio ya para sapos encantados en su vida de princesa sin mitos.

El sapo le replicó que nunca dijo estar bajo otro hechizo que el de ella, y que siempre l esperaría en la charca.


(Querido/a lector/a, en este punto hago un inciso para proponer dos posibles finales a la historia y un espacio en blanco).

1.- La princesa volvió a la charca, donde el sapo y ella reanudaron lo suyo (entiéndase "lo suyo" como lo que sea). Al llegar el invierno, el sapo se mudó a la biblioteca.

2.- La princesa evitó la charca el resto de su vida, dejando al sapo esperando, y dejando de ver las acrobacias carnosas y carnales de los zapateros y en silbido de las alas de golondrina y abejaruco.

3.- ...


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