Tras tanto, cara a cara. Quién lo iría a decir, puede que me debas una disculpa después de todo. Es una deuda con la que puedo vivir, con la que puede que deba vivir.
Hay tantas otras... La tuya se suma a la lista de las que guardé en el cajón donde guardamos las pilas gastadas de los controles remotos, los manuales de intrucciones de electrodomésticos ya descartados, los francos, kroner, rupias y liras de vacaciones pasadas...
Conozco el "no", que a veces fue recalcado con una zapatilla arrojada en mi dirección de forma certera. Aprendí a pesar de (y no gracias a) éso. Comprendo el "no".
Lo que cuesta trabajo de digerir es el silencio de un/a amig@ cuando sabía que andaba en apuros. El silencio no es por mí, ni por mi bien, ni por otra excusa que no es motivo real.
¿Seguirá así? Quién sabe.
Quién sabe...
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