Las ramas en la niebla dibujan tu rostro desdibujado en la obcecación del tiempo que pasa y pisa sin disculparse, sin memoria o razón. Sin sentimientos.
Espejismo que parece no serlo, ¿y qué hacer entretanto?
Como si hubiera opciones. La marea debe subir y bajar de acuerdo a lo que la luna haga ese día.
Y yo, con mi Selene particular, soy lunático de cencerro.
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