Sentado en mi antro, al calor del metal que sale de los amplis que niegan la escarcha que conquista la calle e intenta insinuarse en mis entrañas.
Te olvidé (¿entonces, por qué te sigo escribiendo?).
Ya no espero a que vengas (¿por qué, entonces, sigo mirando a la puerta a ver si hoy vienes?).
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