El niño que escribe lucha con el viejo misántropo que busca engullirlo hasta no dejar huella de que existió.
Me afano en mil y una tareas. Todas insulsas, todas inanes, todas importantes. Todas consignadas al olvido.
Ciclos, líneas y ángulos perversos de la ocultación y el disimulo, de la mendacidad y la falacia.
El ADN pretérito es accidente de tráfico. El ADN futuro, por construir.
El cartucho en la recámara espera otro día.
Y otro.
Y otro.
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