martes, 31 de diciembre de 2013

Oyendo cohetes.

Como cada miércoles, jueves, viernes, etc. Al pie del cañón. La red, como en este tipo de fechas, se satura de gente a que... dejémoslo. Oí la palabra misántropo dos veces en 24 horas.

No creo serlo, pero todos tenemos momentos de querer estar a solas con uno mismo, y ni éso puedo. Dejas la habitación donde crece el edelwais y se acumula el polvo.

Inmune al ambiente festivo de megasábado y a los mensajes de...
de nuevo la gente irrumpiendo.

Que te echo de menos, mi amada L...., es no decir nada. Nos echo de menos a los dos juntos (o revueltos, cómo y cuándo sea). Pero no debiera ser tu problema... a menos que... no, sólo tú puedes completar la frase.

Las mías están dichas en mis ojos de "no te vayas" de aquella noche en Croydon en que te vi por vez postrera.

No sé dónde andas, o cómo, y éso ya es demasiado. Ya lo sé, es mi problema, es tuyo si lo quieres, como todo mi yo.

Me alegraría saberte feliz, de forma constatable.

Si no lo estás, mi hombro es la represa donde estrellar tus lágrimas. Aquí está.

Sin explicación ni disculpas por tu parte. Tu amigo nunca caerá en "te lo dije", o el tan manido "si hubieras o hubieses." Éso no es un amigo.

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