jueves, 26 de diciembre de 2013

Órgano de Jacobson.

Mezclado con el verde neutro del sabor de la hierba del prado, una pincelada roja como la carne hendida de un becerro de yak golpeó
la parte del paladar que Leopoldo tenía en común con el Monstruo de Gila y la Cobra Real.

"Hola Leopoldo, cuánto tiempo ya."
"Sí que hace tiempo, Leonor, ¿a qué debo el inesperado placer de tu visita?"
"De inesperado, nada. Han pasado dos años, y lo sabes. Tus cachorros son ya cazadores. Es hora de que cumplas con tu deber de dominancia en el coto."
"Mi deber se cumplió, Leonor. Lo cumplo con mis garras y colmillos. Nadie vino a molestar a los cachorros."
"Y, ahora que están crecidos, es hora de nuevo."
"Mira, Leonor. Sabes bien lo que hay, como todo el K-2. No es ése mi camino ya."
"Es esa maldita cabra, ¿no? No te preocupes, dentro de poco serás leopardo de nuevo, la almorzaremos juntos y produciré leche para tres camadas."
"Leonorrrrrrrr, ruégote que te marches, la rabia rugosa que me arrasa acierta a no darte un zarpazo... aún."
"Tengo un problema, Leopoldo, debo tener cachorros, tú dominas el coto..."
"¿Sólo es éso? Ve y ten tus cachorros con quien te plazca. Críalos en este prado, aquí la caza está prohibida, están a salvo, pero si te veo cazar aquí, comeré carne de nuevo. La tuya."

La intensidad del verde diamantino de los ojos de Leopoldo no daba lugar a dudas. Leonor huyó aterrorizada.

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