tornando en yerma mi Vega,
desecando el clavel, conozco.
Mis tundras interiores
ya tienen habitantes,
sus billetes de ida
ganados a pulso.
No porque me hicieras, hirieras,
arrancarte intento.
Mil y una imágenes, sonidos, expresiones
me roban el aliento,
sin que el ventolín ameliore.
Inane lamento,
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