La colcha grisácea que reluce sobre los coches me dice que no debería estar aquí. "Vete a casa Lémur, vete a casa", grita el silencio de las calles heladas.
Con supremo desdén por los elementos (joé, ni que fuera yo el Amundsen), me encaro y salgo a por tabaco.
Al final, ni para héroe valgo. Sólo un yonko de mierda.
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