Tras el estornudo de bilis, aprieto mi bufanda, que nunca miro al suelo y debo protegerme.
Noviembre traicionero de escarchas en los techos; charcos frígidos sin velar en los que meto el pie, sin darme cuenta.
Sin ser mi primer noviembre (pocas cosas pasan por vez primera a los 41), me preparo. El frío llegó. Llegó en agosto, con esa puerta en mis narices.
Miríada de puertas cerradas. Las otras, las cerré. Algunas por protegerme de las ventiscas de mi niñez.
Otras, para proteger a los que quiero. Por extraño que resulte. ¿Desde cuándo fui normal?
Emprendo mis pasos de visión preclara en cuarto oscuro. Fe de ateo.
Cambio. Calculo que mis mitosis combinadas hacen de mi cuerpo la versión 7.0.
No cambio. Sigo firmemente yo. Mis neuronas (pobrecillas) no se hallan sujetas a la mitosis. Soy Raulillo, Versión 1.0.
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