Adolescentes hablando del "amor de sus vidas". Todo, por supuesto, se debe a la percepción.
Aficionados al anime japonés, katanas y sangre a raudales, les cuento una historia de terror de este adolescente que fue niño con Mazinger Z; hombre ya antes de que Goku empezara a hacer de las suyas. Sí, hombre.
Hablan del amor que empiezan a conocer, del entregarse y esos primeros escarceos y estocadas que se reciben.
Les hablo del terror que supone descubrir el espejo semiopaco, de la desesperada introspección en la que se sospecha que se está a punto de perder la cabeza. Ése primer síntoma que de hecho indica que es demasiado tarde ya.
De descubrir profundidades que ni sospechabas por quien no sabías existía, y se atrincheró en tí sin quererlo ni pretenderlo.
El terror de saber que ya no te perteneces. Así de simple.
El terror de dar un paso, sólo un paso, y esa persona desaparece.
El terror de saber que promesas a uno mismo (u otros) son vanas. De saber que, por mucho que uno quiera, no puede dejar de estar junto a esa puerta cada sábado noche.
Los niños enmudecen, horrorizados.
Les digo que vivan sus vidas.
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