miércoles, 13 de noviembre de 2013

Terror.

En el Muro, Pink Floyd haciendo acordes de Rem y Do7 en mi cabeza, Another Brick on The Wall...

Adolescentes hablando del "amor de sus vidas". Todo, por supuesto, se debe a la percepción.

Aficionados al anime japonés, katanas y sangre a raudales, les cuento una historia de terror de este adolescente que fue niño con Mazinger Z; hombre ya antes de que Goku empezara a hacer de las suyas. Sí, hombre.

Hablan del amor que empiezan a conocer, del entregarse y esos primeros escarceos y estocadas que se reciben.

Les hablo del terror que supone descubrir el espejo semiopaco, de la desesperada introspección en la que se sospecha que se está a punto de perder la cabeza. Ése primer síntoma  que de hecho indica que es demasiado tarde ya.

De descubrir profundidades que ni sospechabas por quien no sabías existía, y se atrincheró en tí sin quererlo ni pretenderlo.

El terror de saber que ya no te perteneces. Así de simple.

El terror de dar un paso, sólo un paso, y esa persona desaparece.

El terror de saber que promesas a uno mismo (u otros) son vanas. De saber que, por mucho que uno quiera, no puede dejar de estar junto a esa puerta cada sábado noche.

Los niños enmudecen, horrorizados.

Les digo que vivan sus vidas.



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