Otro miernes. Despunta el alba sin sal ni gracia, el sol salió por obligación y sin ganas. Cubierto de legañas de nubes, y pasa de lavarse la cara, deseando irse temprano a dormir. Otra mañana de noviembre.
Sin donaire o claridad deambulo, tropezando con el aire de la mañana que, de espeso, se concentra en mis pulmones al inspirar y me añade cinco kilos.
Sólo el suspiro alivia la carga, hasta que entra el lastre de la próxima inhalación.
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