Y espero, mi bien, mi niña, mi vida, mi amiga, que estés bien dondequiera que estés.
Que sea capaz de hacerte reir, como otrora lo hiciera. De hacerte soñar, y soñar libre.
De que tus ojos y el resto de tí se refresquen en la paz del descanso.
Entretanto, un millón y medio de versos, y un sólo beso. Un beso que empecé a darte hace meses, y no pierde su dulzor, aún en mi hiel.
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