Hace no mucho que tuve una conversación interesante sobre qué significa ser librepensador. Se arguyó que todos los puntos de vista deben ser libres y sopesados de forma igualitaria, libre.
Debo aclarar que no poseo título universitario. También debo aclarar que nunca sé, ni sabré lo suficiente, aunque me despierte mañana con cinco doctorados en el bolsillo. Para un librepensador, la vida siempre encierra más preguntas que respuestas.
De acuerdo a mi limitada comprensión, el/la librepensador/a se atiene a la evidencia disponible de acuerdo al método científico. Evidencia pura y dura. A medida que la evidencia disponible prueba o refuta teorías, se mejora la visión disponible.
Lo que nos lleva a la discusión que tuve, sobre las distintas demagogias y falacias usadas para justificar diferentes versiones del fascismo.
De nuevo, el recurso a la evidencia. Toda la retórica populista de Mein Kampf, refutada en La Noche de los Cuchillos Largos, en la que Hitler se deshizo del ala "socialista" del NSDP, y mostró su movimiento por lo que realmente era: la dictadura del Imperialismo alemán.
Podría poner múltiples ejemplos referidos a Franco, Pinochet, Videla, Ríos Montt o Mussolini. Al final, la evidencia de las pilas de cadáveres y desapariciones forzosas (y los secuestros de niños, las torturas, la represión, la limpieza étnica y la esclavitud) son la evidencia necesaria.
Al igual que me niego a discutir con alguien que defienda la conducta de un sacerdote pedófilo, me negaré a aceptar un ápice de validez de las falacias que respaldan semejantes atrocidades contra seres humanos.
Me niego, porque la evidencia es tan incontestable como la que respalda la teoría de la gravedad, o de la evolución.
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