jueves, 28 de noviembre de 2013

Ignorancia.

Leyendo a Cavina hacerse la pregunta en voz alta, ¿se es más feliz siendo ignorante? Hubo un momento en que lo pensé así.

Y quién no estaría tentado a pensarlo, con la mierda asaltando nuestros sentidos, que nos recuerdan que hay perritos falderos viviendo en el lujo y niños rebuscando en las basuras para comer cada día.

Hay veces en que la mente dice "¡Basta, no puedo más!" Pero la avalancha de mierda sigue rodando inexorable, te envuelve y se adhiere a tí, inunda tus orificios nasales con su fetor, apaga los colores del cosmos en un tsunami de color marrón.

Envidias aquéllos que en sus templos parecen capaces de negar la realidad, de mirar a otro lado y pretender que no pasa nada. Parecen felices. ¿Estás segur@?

Mira más atentamente. Verás la frustración del que no será capaz de expresarse (con o sin ocasión) en público por miedo al ridículo. Verás que son tan conscientes como tú.

En su desesperación, se agarran a sus cuentos de hadas, de los que en el fondo dudan. Dudan porque el cosmos niega la existencia de sus mitos. Dudan, porque las leyes de la física son implacables; las historias de milagros sólo ocurren en fábulas de tiempos pasados.

Dudan porque, por mucho que se empeñen en negarlo, ven un primate en el espejo.



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