Exiliado político bajo mi edredón, territorio al que me aficioné tras tantos años de visita diaria.
Exiliado por un mundo en que Hannibal Lecter venera a Mahatma y lo invita a café tras el almuerzo.
En el que la hormigonera y la caoba bailan un tango de muerte anunciada.
En el que ser polvo de estrellas pierde su encanto.
El invierno llega al jardín de La Bestia.
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