Si mi renuncia te ayudó a ser feliz en aquel rincón del mundo, la doy por bien empleada. Para éso era. Como siempre, una puerta abierta.
Si te ayudó a ser feliz... Quisiera no tener esa duda que me corroe. Debí asirte y aferrarte, ¿crees que no lo sé?
Enfádate conmigo. Hazlo, y dímelo mirándome a los ojos, te imploro. Los amigos pueden hacer éso.
Sabes que mi puerta no tiene cerrojos para tí, que en mí ya moras, mi reina mora.
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