sábado, 2 de noviembre de 2013

Emerger.

Con paso de oso deshibernado me muevo por mi cubil.

La aparente torpeza de mis movimientos enmascara las contracciones musculares que arden por estrecharte.

Mis ojos empañados de sueño navegan mi espacio, atentos a cualquier minucia que te revele, en vano.

Mi obtuso cerebro es, una vez más, capaz de calcular la parábola necesaria para evitar crear un caos en el servicio. Años de práctica.

Mis labios se contraen, frente al mudo clamor en la boca de mi estómago. Hambre de tí.

Insisto a las mariposas que habitan mi vientre y pecho que se aparten, para hacerle sitio al café y las tostadas, que no bastan para saciarme.

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