"Rosa blanca o rosa roja", este Lémur es coja.
La falacia del libre albedrío en nuestros ensimismamientos de hámster en la rueda. Tanto correr para no llegar a ningún sitio.
Para variar, ciclo de bajas. De sospechas que a veces son certezas, en un polo u otro.
De pensar que, al fin y al cabo, sobreestimé, sobreestimo el poder de mi huella.
Anécdota de cola de cafetería. La historia, de corta, no llega ni a la mesa de tertulias. De mal chiste a historia de pena.
Puede que a veces te preguntes qué fue de aquel alunado que, si aún te dedica versos, es más digno de compasión que de otra cosa.
Y, aunque la curiosidad te pique (y sí, sé que eres curiosa), te repetirás la letanía del "está mejor sin verme."
"Rosa blanca o rosa roja..."
Resultó ser ninguna.
Mis memorias, como el traje nupcial de La Loca del Puerto, me seguirán confortando aún llenas de remiendos y rotos.
Cuando mi desatino sea aún más aparente de lo que es, dirán que es éste, ése o aquel neuropéptido. Sin un sólo análisis de sangre.
Mis hematocritos deletrean tu nombre, tus tildes son las plaquetas que impiden que me desangre.
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