Soy muchos en uno, que se reducen a uno solo. El que se sentó en aquel café en una tarde de julio, con brillo en los ojos de deseo reprimido a muy duras penas.
Me reinvento a diario, sin enterrar al que se fue a dormir (o cayó rendido al teclado, que no es lo mismo).
¿Cuántos yo caben dentro de mí?
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