Supuestamente malgastados en recordar y anhelarte, cada uno de esos trescientos segundos es un cosmos en que llegas, te quedas, te vas, vuelves y no. Te quedaste conmigo y no volviste a mí.
Veo pasar miles de vidas ante mis ojos, mi vida; salvo por la vida que probablemente me toque vivir.
¿Quién dijo que no se puede vivir de sueños?
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