sábado, 9 de noviembre de 2013

Carta a mí mismo.

No sé cuándo abrirás esta carta, o si te molestarás en hacerlo ¿Quién sabe?

No sé si tendrás la compañía que deseas, o tantas otras cosas.

Sé que, por mucho que avance la ciencia, seguirás calvo. Que las arruguillas en las comisuras de ojos y labios seguirán ahí, orgullosas cicatrices de sonrisas y risas pasadas.

Sé que, por mucho que pase, o qué, eres padre. Quizá, incluso abuelo. La profecía de los niños escritores que me rodean, llevada a cabo. ¡Awelo!

Sé que es posible que siga con mi catálogo de ausencia, la multitud de sombras que llena el estadio de mis conciertos silenciosos.

Quién sabe, igual abro esta carta, y me digo, "kiyo, ¿vé como tó salió bien ar finá?, ¿de qué tanto mentá er marfario?"

Sospecho que no, que será una sucesión de velas que os enciendo a las tres en la ventana de mi mente, que halleis vuestro camino a mí. Tarde o temprano.

No sé si hallareis dicho camino, sólo espero que os lleve cerca del mío. Si no, siempre podréis ver un reflejo heliográfico desde mi monte de eremita, mandando un beso en la distancia.

Sé que seré feliz por vosotras si hallareis la felicidad, aunque sea lejos de mí.

Y sé que me miraré al espejo. Como hoy, como ayer.

Y que seré capaz de hacerlo, sin arrepentirme de una sola sonrisa o lágrima.

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