Mi vigor repuesto tras permitírseme ser amado durante las reglamentarias cuatro horas y quince minutos, retomo el teclado.
Desdoblado entre el caballero que te escribe estas líneas y la bestia de odio sanguinario, clínico y frío como un dragón de Komodo.
El Lémur se vistió de calza larga y cuello de camisa blanca. Sus metros, los de nuestro paisano Gustavo Adolfo. Melancólico, llamando al uso de la imaginación. Poeta romántico.
El Descabellado Barbudo es más descabellado y menos barbudo tras su reciente cita con las cuchillas. Sigue necrófilo y caníbal. La parte de mi odio que inauguró mi regreso a la letra. La de la rabia que conociste.
El Lémur se infiltra sólo en una de sus líneas, que mi pasión mas fuerte es la que siento por tí.
Habrá quien piense que soy caso clínico. Me alegra poder contradecirles. Es la parte donde quedaron las astillas que quité, por no herirte por accidente.
Sin más, los poetas se lanzan al círculo de improv en el muro.
Del meme inundando mi muro,
hastiado. Las mentes hambrientas
rastrean, buscan; opinar
fácil, andando a tientas.
FL
Incomprendido ando, de que mi pasión se tome por crimen. El amor dibujado en mis bocados de tu muerta carne me nutre y enciende mis llamas.
El Descabellado Barbudo.
De que hablan las mentes pensantes,
en avalanchas de otras cosas
irrelevantes sepultados.
Los cotilleos, losas.
FL.
Sólo por amar con mis dientes, apreciarte con mis papilas y lanzarte piropos en salsa de tomate me llaman loco.
El Descabellado Barbudo.
A la pantalla prende fuego,
empuña el deseo y escribe.
Toca, baila, folla, actúa
el genio no se inhibe.
FL.
Cada día invento nuevos cortes y recetas con los que hacerte el amor que te mereces y eyacularte en mi váter.
El Descabellado Barbudo.
Devanándome los sesos ando
por despertar dormidas mentes
a eruptar; rompiendo muros,
no seamos pacientes.
FL
Desángrame, tus labios sobre mi carótida; mis dientes sobre tus montes que me nutran y apacigüen el hambre.
El Descabellado Barbudo.
"Del salón en el ángulo oscuro,"
ya dijo una vez mi paisano,
languidece el sueño escondido,
no se usó, fue vano.
FL
Tu sal en mi lengua, tu sangre en mis mejillas, mi yo enterrado en tus entrañas bajo los acordes de Satie.
El Descabellado Barbudo, poseído por el Lémur.
En mi casa enciendo las velas,
de que encuentres a mí el camino.
La espera se tornará eterna
sumido en desatino.
FL
Mordido, moreteado anduve al saber que consumí toda tu carne. Sólo el altar de tus huesos calcinados me queda.
El Descabellado Barbudo.
En mi tuétano vives, perenne.
Sangre de mi sangre esparcida
en mi desvelado soñar,
mi letra compartida.
FL
Rosas de púa decorada con retazos de mi piel deposito a diario en el altar de las sobras de mis apasionadas cenas.
El Descabellado Barbudo.
A la noche lanzo el aullido
del lobo que es Caperucita,
¡ay, mi niña! el son del bajo
querencia no desquita.
FL.
Aún conservo con cariño tu cráneo, por hacer amor apasionado a tus órbitas oculares. Vacías de tu mirada y llenas de mí.
El Descabellado Barbudo.
Descoyuntado en carcajada
demente, la razón ida.
Mi mente, o lo que pasó
por élla, perdida.
FL
A la cazadora impía persigo, alentado por misma pasión a la mía. Sólo un posible desenlace, el acabar de cena de la Mantis.
El Descabellado Barbudo.
Enredado en sombras de sombras
marcho, sin rumbo o destino.
El limonero de mi tierra
persigo, mas sin tino.
FL
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