Te ví de nuevo en mis sueños, con tus tildes y todo. Estabas sentada frente a mí.
Esta vez, repitiendo mi legendario potaje de garbanzos; lo preparo sin chorizo, por razones de dietética e higiene personal. Comino y pimentón dulce.
Te hallabas sentada, tus dedos en las cuerdas y el arco, transponiendo Satie para chelo, con mis cuerdas montando acordes.
Tomando café mientras discutíamos los méritos de la tensión de la segunda menor, sus tensiones en la escala frigia para flamenco o música india.
Estábamos en la librería, contigo eligiendo mi próximo libro a leer.
Estábamos disfrutando de un silencio compañero, ambos disfrutando de tu selección de música para escuchar.
Estábamos haciendo ejercicio, marcha larga y carrera entre los árboles de la ribera del Támesis, padre de ríos.
Estábamos enlazados en la cama tras hacer el amor, el rubor de tus mejillas y el brillo de tus ojos de gata satisfecha dando celos a la luna llena, tan lejana, fría y sola.
Estaba dándote un papel en la mano, con un verso privado, solamente nuestro.
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