miércoles, 30 de octubre de 2013

Reencuentro nocturnario.

Te ví de nuevo en mis sueños, con tus tildes y todo. Estabas sentada frente a mí.

Esta vez, repitiendo mi legendario potaje de garbanzos; lo preparo sin chorizo, por razones de dietética e higiene personal. Comino y pimentón dulce.

Te hallabas sentada, tus dedos en las cuerdas y el arco, transponiendo Satie para chelo, con mis cuerdas montando acordes.

Tomando café mientras discutíamos los méritos de la tensión de la segunda menor, sus tensiones en la escala frigia para flamenco o música india.

Estábamos en la librería, contigo eligiendo mi próximo libro a leer.

Estábamos disfrutando de un silencio compañero, ambos disfrutando de tu selección de música para escuchar.

Estábamos haciendo ejercicio, marcha larga y carrera entre los árboles de la ribera del Támesis, padre de ríos.

Estábamos enlazados en la cama tras hacer el amor, el rubor de tus mejillas y el brillo de tus ojos de gata satisfecha dando celos a la luna llena, tan lejana, fría y sola.

Estaba dándote un papel en la mano, con un verso privado, solamente nuestro.



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