Ray Romano en la tele, y la ronda de preguntas sin respuesta en mi oscuridad, la de la ignorancia. La ignorancia de la avalancha que, a cada paso me apabulla con tanta incógnita que no acierto a despejar.
Mi lógica, victoriosa e impotente a un tiempo. Refugio y fuente de desdicha, se niega (o se abstiene) de proporcionar la respuesta. O, al menos, el equilibrio de saber que una respuesta es imposible.
Porque la respuesta se haya tan, tan cerca. Tan lejos, empero.
Mi lógica, victoriosa e impotente a un tiempo. Refugio y fuente de desdicha, se niega (o se abstiene) de proporcionar la respuesta. O, al menos, el equilibrio de saber que una respuesta es imposible.
Porque la respuesta se haya tan, tan cerca. Tan lejos, empero.
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