miércoles, 16 de octubre de 2013

El muro.

Una noche como otras muchas, a solas con mis letras, reflejos fugaces de ideas que vienen y van, más o menos a su antojo.

Veo secciones del muro de las lamentaciones, siempre en construcción, con huecos donde solía haber pilares. Huecos de los que trato de hacer ventanas.

Con cosas que parecen pilares de letra sólida, y que resultan ser plagios. El peor de los robos, cometidos por niños jugando a ser hombre.

Y versos de hombre que aún llevan muy vivo el niño que una vez fueron. Entre ellos, yo.

Las típicas diatribas del fanático religioso en el foro ateo, do afilo mis cuchillos y descuartizo pendejitos, boluditos, o simplemente idiotas. Busco la conversación inteligente allá donde puedo.

Y do el malaje de turno, imberbe insolente, juega con la palabra "culo", que aprendió antié. Aprendices de sátiro que no conocieron ar Maki Navaja.

Música, la gran carencia. Bueno, la menor de las grandes carencias. No me pongo a enumerarlas...

Y, de vez en cuando, una sorpresa. Viejos amigos de antaño, que traen sus historias a mi casa de nuevo.

Música que es eco de aquella con que me regalabas el alma, y también los oídos.

En medio de todo, sereno. Aguardando. ¿Qué? No lo sé.

Que la taza reagrupe sus fragmentos rotos y emprenda el vuelo de la antientropía. El sueño de Aníbal Lecter en busca de Misha.

Que se acabe el dolor y la rabia que me consumen, la frustración y el ninguneo. La injusticia y dejar de ser además de cornudo, apaleado. De ver a mis ángeles en casa.

Que mi mundo virtual y mi mundo vertical se integren. Tant@s, a los que una vez abracé, en comunión silente.

Que mis letras crezcan como enredadera, y ahoguen el árbol de la mendacidad.

Que mi vida, mi vida, vuelva a "su" cauce, sea el que sea. No. Me corrijo.

Que mis caminos se crucen con los de mis amig@s, y aquell@s que de verdad me importan.

Que sea capaz de ofrecer apoyo y consuelo, ser la fuerza de otr@s, además de la mía.

Que mis letras formen cometas en tu cielo, y te hagan sonreír, estés donde estés. Si ves el zorro y el acebo, espero que seas feliz con ellos. Si no, lo mismo. En todo caso, saber que eres feliz, me lo haría a mí.

Sigo víctima de la vieja paradoja. Maldición y luz de mi vida a un tiempo.

Sigo aquí, y sigo siendo yo... pero éso ya lo sospechabas.




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