Mil lenguas que hable
nunca serán suficientes
para describir la gracia
de uno de tus pasos,
Gacela mía.
Mil noches en vela
son justo precio a pagar
por oír tu voz
durante 120 segundos.
Mil bolos de Ska
no conseguirán
arrancarte de mi corteza frontal,
parietal, occipital,
mucho menos temporal.
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