lunes, 28 de octubre de 2013

De carne y hueso.

Es de noche para este payaso de sonrisa pintada. De nuevo, las memeces de South Park me acompañan.

Y me sonrío. El brillo impío en los ojos es mío también, aunque no tenga ocasión de usarlo tan a menudo.

Que tengo un humor algo retorcido a veces, no hace falta decirlo. A veces me doy náuseas pero la risa me recobra. Me recobra el saber que, a lo mejor, consigo traer una sonrisa a tus labios, que quisiera míos.

¿De dónde sale la idea? ¿De dónde el sentimiento? ¿La pasión?

Oigo hablar de ésta, ésa o aquella hormona o de un gen novedoso, me rasco la cabeza, pensando en causas y efectos retroalimentándose.

Secretamente, los expertos se rascan las cabezas; de otra manera, arrogantes frente al mundo, dicen tener todas las respuestas. Al final, no tienen ni idea. La ciencia siempre anda por detrás del objeto del estudio.

Es por éso que me fío de mi intuición de hombre de a pie. Sé más de mí mismo de lo que se es capaz de explicar de forma externa.

Es por eso que digo lo que digo, que tanto miedo me dió al saber el alcance y las implicaciones de mis sentimientos.

Y que venga un neurólogo y estudie mis hormonas y genes. Soy un hecho constatable. Soy de carne y hueso.

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