Txtl se desplomó como un muerto en su jergón. De tan cansado, ya ni se percataba de las visitantes nocturnas de Fray Jordi.
El limpiado de establos y mulas, el aparejarlas sin las mulas le morder (o cocear), las largas horas de marcha para abrevar, las cargas de todo tipo...
Odres de agua y vino, paja y heno, tejidos, maderas... andando sin fin para vaciar y llenar alforjas.
Los viajes de vuelta, a lomos de la bestia que, enojada, se volvía para morder a veces. Txtl aprendió a dar un puñetazo a tiempo.
Al final de la jornada, cepillar las mulas con paja seca. Txtl olía ya derechamente como las mulas.
En ésos raros momentos de calma, Txtl sentía la afinidad con el animal cautivo, restringido al corral.
...En su mundo interior, jugando con los niños de su pueblo en la playa, eterno lugar de solaces y encuentros. Eterno observatorio de estrellas o luna.
Rodando desnudos en la arena basta de coral...
La vara de fresno de nuevo en la espalda, el impacto anunciado por un silbido al cortar el aire antes de tocarle.
-"¡Manuel, despierta y dale con brío a la mula!"
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