jueves, 17 de octubre de 2013

Camino.

Para parafrasear a Machado, lo hago al andar todos los días. Cada paso que recorro, incierto. Vacilante y osado a un tiempo, exploro las veredas de mi silencio a gritos.

No diré que te necesito para vivir, vida mía. Porque no es cierto. Puedo vivir sintigo. Pero...

Sí, la vida es muy diferente. Las comparaciones son odiosas, y no saber de tí, aún más. No es reproche, que no sé qué te retiene. Tienes tus motivos, que no inquiero. Ni inquiriré.

Como El Trato de Benedetti, que describió el resto de mi vida, vida mía. No es decisión consciente, sino necesidad vital, el saber que eres feliz. Sin preguntarme el cómo.

Habrá quien lo llame obsesión, apego u otras etiquetas de pseudociencia que quieran aplicar aquellos que aún están estudiando la psique sin llegar a comprender de hecho.

Porque, junto al fondo submarino, el interior del cerebro no se ha sondeado. No puede hacerse con un cerebro vivo, y conservarlo vivo a un tiempo.

Sospecho mis profundidades, que exploro a diario. Como presentía, no importa lo hondo que llegue, veo las mismas tres caras.

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