Con las yemas de los dedos,
y los filos de mis labios,
con mi pecho y mis oídos.
Te siento.
Con mi cabeza en tu almohada,
y esa camisa sobre mí,
en mi casa que limpiaste
del mal recuerdo,
que no de la nostalgia.
No volveré a cocinar puchero,
a menos que sea para tí.
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