Ende que me tomo el café,
leyendo pendejadas,
pavadas y boludeces,
endikelando las mías propias.
Demente iluminado,
Platero toca la flauta,
se arranca por solerías,
o buleares,
o lo que se tercie.
200.000 minoyes de hojas,
que aterrizan
en la rama de que cayeron.
Y que no llegan más allá.
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