Sentados frente a los platos de guiso.
-"Tengo miedo, Merk. Es la segunda primavera que no vienen los Marinos a comerciar."
-"Mejor así. Tenemos control de toda la costa. Nos va mejor desde que los Marinos nos quitaron la bota del cuello."
-"A veces, tengo miedo. Por mí, por tí, por Teri."
-"¿Miedo a qué, mujer? Aunque esté cojo, sé de lo que es capaz un guerrero. ¿O te olvidas de cómo crucé?"
-"Me acuerdo bien, y de cómo un guerrero se rompe, y de lo que cuesta traerlo de vuelta, ¿te olvidas de lo que puede la Mujer Medicina?"
-"Tienes razón. Es lo mismo que temo, que no me atrevo a decir por no aparecer pudriéndome en ese foso."
-"¿Crees que llegarán aquí? El fuerte parece impregnable, y el embajador no puede decir cómo encontrarnos."
-"Prométeme que ésto no se lo repites a nadie. De lo contrario, estamos los tres en el foso."
En voz muy queda, para que ni siquiera Teri supiera su secreto, Merk le contó a Sita...
...de la prepotencia del Marino en su tierra nata. De cómo pasaban todo a sangre y fuego ante la más mínima afrenta.
...de que siempre encontraban el camino en un mar sin ellos. De que el Rey de los Iber había viajado en sus buques en días de mocedad.
...de que el Tratado previo se había firmado en el tholos a tiro de piedra de su casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario