domingo, 1 de septiembre de 2013

Cueva de Los Letreros. Parte VII. Guadiaro. Capítulo 24.

Sentado en la popa del bote junto al guerrero enjuto, Merk meditó, contemplando el río que remontaban.

El estar separado de Sita le preocupaba, pero los guerreros no se mostraron alevosos. Nadie les dirigió la palabra.

Las canoas, entretanto, seguían su curso flanqueadas por los campos de cultivo y la laurisilva infestada de monos.

A ambos lados, las colinas se convertían en muros de piedra que, de seguir creciendo, deberían llamarse montañas.

Al acercarse la noche, acamparon al abrigo de los laureles. A Merk y Sita se les permitió que durmieran cerca el uno del otro. Rodeados de guardias. Cada uno, atados a un guerrero.

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