Capítulo 22.
Tras un minuto de aporrear la puerta, Arensibia finalmente perdió la paciencia. Era momento de "astuá o morí". Se sacó el arma reglamentaria, y dio la proverbial patada en la puerta.
La puerta cedió con un crujido. El gemir de las bisagras era casi sexual. Arensibia notó la familiar erección que acompañaba a estas situaciones.
Con su manido "¡tor mundar suelo, coño ya!", dejó que la pistola le mostrase el camino, mientras bebía los detalles.
En la salita, una botella de Rioja vacía y dos copas. Mmmm.
Entró de lado a la cocina. Nada.
El cuarto de baño. Nada.
El laboratorio. Nada.
El cambiador de Fanny. Algo. Perchas vacías, cajones arrancados y ahora vacíos. Ésto empezaba a apestar.
El charco de sangre seca entre las piernas del cadáver del profesor en su cama lo explicaba todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario