martes, 17 de septiembre de 2013

Colmillos ocultos. Parte IV. Capítulo 22.

Capítulo 22.

Tras un minuto de aporrear la puerta, Arensibia finalmente perdió la paciencia. Era momento de "astuá o morí". Se sacó el arma reglamentaria, y dio la proverbial patada en la puerta.

La puerta cedió con un crujido. El gemir de las bisagras era casi sexual. Arensibia notó la familiar erección que acompañaba a estas situaciones.

Con su manido "¡tor mundar suelo, coño ya!", dejó que la pistola le mostrase el camino, mientras bebía los detalles.

En la salita, una botella de Rioja vacía y dos copas. Mmmm.

Entró de lado a la cocina. Nada.

El cuarto de baño. Nada.

El laboratorio. Nada.

El cambiador de Fanny. Algo. Perchas vacías, cajones arrancados y ahora vacíos. Ésto empezaba a apestar.

El charco de sangre seca entre las piernas del cadáver del profesor en su cama lo explicaba todo.

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