Capítulo 4.
Entrando en el rascacielos, se sentía relajado. Torrentes de energía por sus venas, era capaz de volver a la carga. Había comido bien.
Alto, membrudo y atlético. Sin una tacha en la piel. Pelirrojo como una hoguera en noche de san Juan. Dientes perfectos, organizados en sus hileras como soldados en desfile.
Le esperaban en el banco para una reunión importante con ejecutivos de la central en Japón, con una reverencia al entrar en la habitación:
"Konichi wa, Matsumoto-san."
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