Capítulo 3.
Manuel miraba por la ventana desde su celda de aislamiento en el ala de Psiquiatría. Como único testigo material de un posible asesinato bajo secreto de sumario, no se le permitía discutir el tema, como no fuera con el psiquiatra.
El juez tardó dos minutos en considerar la evaluación e ingreso, debido al comportamiento tan extraño que mostraba en el sueño.
El psiquiatra tardó un minuto y medio en diagnosticar Síndrome de Estrés Postraumático agudo. Estaba en régimen de prevención de suicidio.
No le importaba mucho. Después de las noches a la intemperie, el hambre y el acoso (y agresiones) en la calle, se sentía más seguro ahora.
Los sueños... no se atrevía a contemplarlos a plena luz del día. Un río de fuego. Ser niño, jugando con huesos que montaba y desmontaba, animaba y desanimaba. Un látigo de siete colas en la mano.
Manuel se negaba a dormir, su régimen médico se aseguraba de que lo hiciera.
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