Dolorido y maltrecho, Merk se despertó en la penumbra humeante de lo que parecía ser una choza. Una figura de mujer le daba la espalda, arrodillada frente al fuego.
Sediento, Merk no estaba seguro de qué modales observar frente a otro espíritu. Si pudiese levantarse, iría él mismo a buscar agua.
Su pierna derecha estaba entablillada, la inflamación, muy presente. Intentó levantarse.
La mujer se lo impidió, pareciéndole decir que se quedará sentado con gruñidos que no sabía entender. Si los dos eran espíritus, ¿cómo es que no hablaban el mismo idioma?
Hizo un gesto de llevarse una taza a la boca. La mujer le trajo una tisana humeante. Al ver que Merk no entendía, le preguntó en Fenicio:
-"¿Prefieres agua?"
-"Sí, por favor."
Para añadir a su confusión. ¿Cómo es que esta mujer entendía y hablaba el idioma de los Marineros del Este? ¿Acaso era el idioma de la Tierra de los Espíritus?
La mujer, al oír esa pregunta, se rió con una cascada de terciopelo de la que sólo es capaz una mujer viva, y le trajo agua.
Acto seguido, la mujer se presentó como "Sati", y le dió un cuenco de sopa de una carne recia, que sólo podía ser la del Uro.
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