sábado, 24 de agosto de 2013

Cueva de Los Letreros. Parte I. África. Capítulo 3.

Gritos de dolor atravesaban el poblado, llorando la pérdida de la  caza a manos del demonio tiburón. El rescate de un cuerpo parcialmente comido por este depredador era un omen de mal augurio.

El espíritu del pescador había sido atormentado de la peor forma posible. Nunca llegaría a la Roca. El demonio volvería a atacar con impunidad, ahora que las defensas espirituales de la caza se habían quebrantado.

Merk, sentado detrás de la cabaña del jefe, aún se hallaba perplejo. Toda su vida pasando por sus ojos. No se hacía ilusiones.

Sólo había dos posibles opciones. Lavar la afrenta con su sangre en el altar, o ser el guardián de su compañero muerto. Debería guiar el espíritu atormentado a la Roca.

Aún maniatado e indefenso, sentía rabia.

Sabía que Heb estaba presionando a  Lut para que se emparejara con él. Dulce Lut.

Que ahora, después del accidente, aparentaba no verle. Merk no podía esperar a hacerse cargo de su último viaje.

Manos firmes lo elevaron del suelo,  y lo arrastraron al templo. Una nube de humo tornó la gran sala en formas difusas de animales a punto de saltar de las columnas para devorarlos.

Lut se hallaba allí también. Portaba la daga ceremonial junto a la Sacerdotisa, su madre. Al otro lado, Jefe y su hijo, Heb.

    -"Un gran sacrilegio ha tenido lugar hoy. Un cuerpo que pertenece al mar fue robado, por este pescador. Es culpable de negar al espíritu de un valiente el descanso en la Roca."

La multitud, apelotonada, comenzó a temblar. Hacía falta un sacrificio.

    -"Es por eso que este pescador tiene la tarea de acompañar al espíritu perdido a la Roca."

Acto seguido, Lut usó la daga para cortar el pelo de Merk, e hizo un cordón, mezclando éste con el pelo del difunto. La sacerdotisa habló de nuevo, al atarlo en su cuello.

   -"Expía tus faltas en el Mar Entre Dos Mundos, y guía este espíritu a la Roca."

Merk se dirigió a la playa, seguido de la multitud.

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